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SALUD
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El ajo

El ajo es una hortaliza conocida desde tiempos remotos, habiéndose utilizado en la mayoría de las culturas. Parece que su origen se sitúa en Asia central y de ahí se extendió por todo el mundo. El ajo es mencionado ya en la Biblia y en el Talmud. En China, aparece en libros médicos que datan del año 510 antes de Cristo. Desde tiempos inmemoriales se ha pensado que esta planta era un alimento milagroso, utilizándose como remedio para docenas de padecimientos. Médicos de la antigüedad como Hipócrates, Galeno o Plinio el Viejo usaban el ajo para el tratamiento de numerosas enfermedades, desde parasitosis hasta problemas digestivos, respiratorios, asma o artritis. Los atletas olímpicos de Grecia lo masticaban antes de competir y no hay que olvidar que entre sus propiedades de leyenda se encuentra la de ahuyentar a los vampiros.

Botánica
El ajo es un alimento típico de nuestra dieta, siendo un ingrediente esencial para condimentar y aromatizar guisos, formando parte de numerosas salsas, desde el alioli o ajo aceite hasta la ajada o aliada con pimentón. Puede ser el componente principal de algún plato como en el ajoblanco y las sopas de ajo. A partir de él también se pueden obtener diversos derivados, como las especias y el aceite de ajo.


Composición

Los componentes mayoritarios del ajo son el agua, los hidratos de carbono y la fibra. Contiene algunos aminoácidos (arginina, leucina) y minerales (sobre todo zinc, fósforo, calcio, manganeso y algo de hierro, selenio, cobre y sodio). También aporta vitaminas entre las que destacan la vitamina C y B6 y una menor presencia de vitaminas B1, B2 y A. Su contenido calórico es de unas 130 kcal por 100 g, estimándose que un diente de ajo aporta entre 5 y 10 kcal.


Efectos terapéuticos

Las propiedades médicas que se le atribuyen al ajo se deben a los compuestos de azufre que contiene. Su componente sulfurado más importante es la aliina, que en contacto con el oxígeno se convierte en alicina, sustancia activa de penetrante y característico olor, a la que se confiere propiedades antitrombóticas, por lo que se dice que el consumo de ajo es adecuado para fluidificar la circulación sanguínea y combatir las enfermedades del sistema circulatorio. Por otro lado, debido a los compuestos ricos en azufre, el ajo resulta un bactericida natural muy potente, habiéndose utilizado para combatir procesos infecciosos de origen respiratorio (faringitis, bronquitis...), digestivo (diarreas) o renal. Cabe mencionar que trabajos recientes atribuyen al ajo un efecto antitumoral, por lo que se está estudiando la relación entre su ingesta habitual y la posible prevención para desarrollar algún tipo de cáncer.


Para corredores
A pesar de todos sus beneficios, no hay que olvidar que el ajo no es un medicamento, es un alimento.
Para la persona que hace ejercicio de forma habitual, por todas las propiedades que parecen tener, entre ellas su poder antioxidante y su capacidad para mejorar el fluir de la sangre, el consumo de ajos  es muy recomendable.
Hay que intentar incorporar los ajos a la dieta habitual, no deben faltar en la mesa, crudos en la ensalada, para aprovechar al máximo sus beneficios potenciales. Ya lo dice el refrán: ajo cocido, ajo perdido.


Ten en cuenta...

• Es recomendable consumir los ajos crudos, ya que la cocción hace que se pierdan algunos de los compuestos azufrados, pudiendo disminuir así, sus efectos beneficiosos.
• Para que el ajo no pierda sus propiedades, su periodo máximo de conservación (en un lugar fresco y seco) es de un año.
• La cantidad diaria recomendada de ajo fresco es aproximadamente de cuatro gramos, lo que equivale a un diente o dos pequeños.
• También el consumo de ajos puede tener desventajas, entre las que se encuentran su capacidad para provocar migrañas, dermatitis por contacto y alergias en personas susceptibles, sin olvidar el mal olor del aliento.
• Pueden ocasionar ardor de estómago y flatulencia tras su ingesta.

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