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El garbanzo, legumbre con tradición

¿Quién no ha comido nunca un buen cocido de garbanzos? Hay tantas clases  como regiones geográficas españolas. Todos coinciden en su ingrediente principal, el garbanzo, legumbre característica de la cocina española de antiguo. La palabra viene del mozárabe “arbanco”, aunque su origen es incierto y se piensa que procede de una lengua indoeuropea.
Aunque los garbanzos son ingredientes habituales de potajes y sopas, también pueden consumirse hervidos y fríos en ensaladas, hacer croquetas con ellos (falafel) o elaborar el famoso humus, puré de garbanzos con perejil típico de Oriente Próximo.

Un poco de historia
El garbanzo es la semilla de la planta “cicer arietinum”, de la familia de las leguminosas. Su forma es tan característica que ha pasado a la historia dando nombre a grandes figuras: el famoso orador y político romano Cicerón debía su sobrenombre a una gran verruga agarbanzada (cicer) en la nariz.
La leyenda cuenta que el garbanzo lo introdujo en España el general púnico Asdrúbal, que no quería ver a sus soldados ociosos cuando no estaban en guerra. Por eso en tiempos de paz les hacía practicar la agricultura y cuando llegaron a la actual Cartagena comenzaron a cultivar los primeros garbanzos. De hecho, en esta provincia había un pueblo que hasta el siglo pasado se llamaba “Garbanzal” (en la actualidad es La Unión).

Contenido nutricional
Los garbanzos, al igual que otras leguminosas, son muy ricos en hidratos de carbono (55 %) y en proteínas vegetales (19- 21 %). Aportan entre 350-385 calorías por cada 100 gramos y son buena fuente de fibra (13-15 %). De sus vitaminas destacan el ácido fólico, niacina y las vitaminas B1 y B2, y  entre los minerales contienen potasio, magnesio, calcio y, en menor proporción, sodio, hierro y zinc. Es un alimento muy adecuado para las personas sanas de todas las edades.

Propiedades nutritivas
• El principal componente de los garbanzos son los hidratos, siendo el almidón el más abundante. Debido a esta riqueza en hidratos de carbono complejos, el consumo de esta legumbre supone un buen aporte de sustrato energético para el músculo (glucógeno), por lo que resulta un alimento adecuado para el deportista. Hay que recordar que se precisa una buena insalivación y masticación para que se digieran bien y no produzcan molestias digestivas.
• El aporte proteico también es importante, aunque es incompleto por su déficit parcial del aminoácido esencial metionina. Pero los garbanzos, si se consumen junto con algún tipo de cereal (por ejemplo con arroz), al complementarse el perfil de sus aminoácidos llegan a producir juntos una proteína de buen valor biológico. Esto es especialmente interesante para los vegetarianos.
• Su contenido en lípidos es mayor que en el resto de legumbres (5,5 % frente a 1,6 % de las judías blancas o 1,7 de las lentejas), destacando la presencia de ácido oleico y linoleico, ambos insaturados (con las bondades que esto supone para el organismo).
• El garbanzo es una buena fuente de fibra, tanto soluble como insoluble, con todos los beneficios que esto conlleva para el tránsito intestinal y para combatir el estreñimiento (entre otras cosas). Sin embargo, pueden resultar inadecuados en las personas con tendencia a acumular gases en el aparato digestivo o con ciertas enfermedades intestinales.
• Esta legumbre también destaca por su contenido en ácido fólico, que facilita la división celular, favorece la formación de glóbulos rojos y mantiene el desarrollo adecuado del feto en las mujeres embarazadas.
• Es importante su aporte en vitamina B1 o tiamina, que participa en la transformación de los alimentos en energía y facilita la llegada de glucosa a los distintos sistemas del organismo. También suministra vitamina B6 o piridoxina, que contribuye al buen estado del sistema inmunitario, en la creación de hemoglobina en sangre y  en el metabolismo de la proteínas.
• Con todos los alimentos (diversas carnes y vegetales) que acompañan a estos deliciosos guisos también aportan proteínas, minerales y vitaminas. Esta rica legumbre ha pasado de ser un sustento primario (y a veces poco valorado) a formar parte de la gastronomía más exigente de nuestro país, creándose nuevos platos con ellos y a la vez recuperándose antiguas recetas que hacen las delicias de los paladares más exigentes.     

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