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SALUD
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Prevención de lesiones

Si estudiamos los factores de las lesiones, curiosamente vamos a encontrar los mismos factores causales del éxito deportivo en el corredor. 
El primer factor de éxito o de lesión reside en nosotros mismos, en los factores constitucionales, en el modo en el que estamos constituidos, la longitud de nuestros segmentos óseos, la forma individual de nuestras articulaciones, el alineamiento de los ejes articulares, el volumen y fuerza de los músculos y la resistencia de los tendones. Todo ello nos puede llevar a ser corredores de alto nivel o a ser especialmente propensos a las lesiones (aunque podemos ser ambas cosas o ninguna de ellas a la vez).
Pero no sólo hay que considerar estos factores constitucionales tan aparentes, ya que nuestra genética regula aspectos mucho más íntimos de constitución de los tejidos y de las propias células, determina el tipo de fibras musculares de nuestras piernas y sus posibilidades de obtener energía. Los genes también regulan la acción de las hormonas y los mecanismos inmunológicos y, con ellos, la adaptación a las cargas de trabajo y la recuperación de entrenamientos y lesiones anteriores.
Dentro de los factores constitucionales no podemos desdeñar el influjo de los factores psicológicos que determinan el modo en el que afrontamos y realizamos el entrenamiento y que son tan importantes en el comportamiento del deportista durante los estadios iniciales de la lesión en los que se determina la evolución posterior del cuadro.
Los factores medioambientales están ligados al terreno y al material. La capacidad del suelo de entrenamiento para absorber la fuerza del impacto en la fase de apoyo y para reintegrar energía en la fase de impulso, el coeficiente de rozamiento entre la superficie y la suela de la zapatilla, la regularidad y la estabilidad del terreno y la presencia o ausencia de elementos móviles; todos ellos son factores de gran importancia en la lesión.
 Pero entre el pie y el terreno se sitúa como “interface” el calzado deportivo. Nuestros pies han evolucionado para adaptarse a la marcha y la carrera descalzos, perdiendo las habilidades prensiles de los simios. A pesar de ello la tecnología humana ha desarrollado el calzado para la comodidad, aislamiento térmico y mejor protección. Así, nos encontramos a unos corredores con los pies adaptados a la carrera descalzos, pero encerrados en unas zapatillas de alto desarrollo tecnológico y a las cuales debe adaptarse de nuevo.
No podemos desdeñar la importancia de los problemas laborales, familiares o académicos. Tienen una incidencia sobre el rendimiento y las lesiones, que seguro que todos habéis comprobado.
Pero la causa más importante de lesiones es la más específica del atletismo, son todos los factores ligados al entrenamiento que tienen tanto efecto sobre el rendimiento como sobre la lesiones. La planificación del entrenamiento, su volumen, la intensidad, la recuperación. Todo ello se debe adaptar perfectamente a los factores genéticos y constitucionales del corredor.
De cara a la prevención de las lesiones, siempre debemos estudiar estos factores de modo conjunto. Cuando aparece una sobrecarga siempre se debe a una mala adaptación entre la constitución física y mental del corredor y su planificación del entrenamiento, a ello se une la incidencia del terreno, del calzado deportivo y de los factores sociales que rodean al atleta. Sólo un enfoque conjunto de estos mecanismos lesionales nos permite prevenir las lesiones y tratarlas de modo que no vuelvan a aparecer. Esto quiere decir que si un corredor presenta una lesión plantar debida a un calzado en exceso rígido, no debemos nunca desdeñar los factores constitucionales del pie de ese atleta, considerar el terreno de entrenamiento, evaluar su plan de trabajo y preguntarle sobre su estado psicológico antes de la lesión y su enfoque de ésta.

Escuchando a nuestro cuerpo y escuchando a nuestra mente
Cuando hemos terminado las cargas de entrenamiento y estamos recuperando con unos estiramientos o un rodaje suave, o cuando nos levantamos después de un sueño reparador, nuestro cuerpo nos habla. El organismo del corredor está continuamente emitiendo señales para informarnos sobre su estado. El entrenamiento es una agresión al organismo y éste debe adaptarse. El organismo se queja de estas agresiones. La rigidez, el dolor, incluso las pequeñas sensaciones propioceptivas que están presentes continuamente sirven para monitorizar los efectos del entrenamiento. Debemos aprender a diferenciar las señales normales de fatiga de las patológicas.
Mi experiencia atendiendo los problemas de corredores de alto nivel me ha enseñado que uno de los principales factores de éxito deportivo es el modo en el que el deportista es capaz de interpretar y comprender este lenguaje del organismo. He conocido atletas de gran talento físico, posibles finalistas olímpicos o mundiales, incluso medallistas, que acaban con una carrera deportiva mediocre, terminada precozmente con lesiones que podían haberse curado en estadios precoces. También he visto atletas que interpretan los signos normales de la fatiga causada por entrenamiento, como señales alarmantes que les hacen abandonar su planificación y plantear consultas médicas, por temas banales. Estoy convencido de que una de las principales causas de que haya tantos llamados y tan pocos escogidos para el alto nivel es esta capacidad aprendida para interpretar el lenguaje de su cuerpo.
Los médicos del deporte vemos cómo los tratamientos actuales son capaces de curar a la mayor parte de los atletas, pero parecen casi totalmente inefectivos en ciertos corredores. Son inefectivos porque algunos atletas, como tantos pacientes normales, nunca van a mejorar sólo con tratamientos físicos, ya que su problema es principalmente mental. Como causa de esta mala adaptación psicológica suele subyacer un problema de autoestima. En medicina del deporte podemos reconocer ciertos patrones psicológicos relacionados con la repetición de lesiones. Vemos cómo hay atletas con variantes del “Síndrome de Munchausen” con lesiones irreales que acaban llevándoles una y otra vez al quirófano y de las cuales el atleta en su fuero interno no quiere curarse, o el "Síndrome de mi lesión es única" que no aceptan el diagnóstico y tratamiento y se pasean de uno a otro doctor, generando incesantemente diagnósticos erróneos y problemas con médicos, fisioterapeutas y entrenadores.

Factores asociados con riesgo de lesión
• Género: Las mujeres son más propensas a las lesiones. La mayor amplitud de la pelvis hace que las caderas estén más separadas y facilita malas alineaciones de los ejes de las rodillas. En las mujeres la osteoporosis es más prevalente y esa pérdida de masa ósea se relaciona con la aparición de lesiones. Además las mujeres corredoras pueden desarrollar trastornos alimenticios relacionados con mal control del peso, que acaban alterando el equilibrio hormonal y facilitando la osteoporosis.
• Peso corporal: Los corredores más pesados sobrecargan las articulaciones del miembro inferior. En ellos son más frecuentes las lesiones. Además, la aparición de artrosis en caderas y rodillas es más precoz y los signos clínicos son más importantes.
• Falta de flexibilidad: Especialmente en la musculatura isquio-tibio-perónea (posterior del muslo), cuádriceps, tríceps sural (gemelos y sóleo) y cintilla iliotibial. Las lesiones son más frecuentes en entrenamientos realizados a primera hora del día debido a la rigidez muscular matutina.
• Malas alineaciones articulares: Factores constitucionales relacionados con dismetrías (diferencia de longitud en extremidades inferiores), mala alineación de raquis (longitudinales o laterales), pélvicas (básculas, ante o retrocesiones), mala alineación femoral, mala alineación de la rodilla, malposición o mala alineación rotuliana, alteraciones estructurales tibio-peróneas y muy especialmente alteraciones de la estática y el apoyo podal.
• Dinámica de carrera: Con mal balance de la transmisión de fuerzas al suelo o mala alineación dinámica en la fase de impulso. Para reconocer estos fallos técnicos debemos asesorarnos con un experto que nos recomendará ejercicios técnicos específicos. De todos modos, debemos reconocer que el modo en que cada uno corre está muy ligado a factores genéticos y de personalidad y es muy difícil de modificar significativamente.
• Entrenamiento: El atleta o el entrenador no son capaces de reconocer el peligro inminente de lesión y no adaptan la planificación. La lesión indica siempre que la carga de trabajo ha sido excesiva para las condiciones del atleta en el momento en cuestión. Puede ser un exceso de kilometraje o de intensidad o un mal manejo de la relación entre entrenamiento y competiciones. A veces cargas de trabajo que son asimiladas perfectamente en una época, pueden ser lesionales en otro momento de la vida del atleta, debido a la influencia de los otros factores. Tratar de aumentar demasiado bruscamente las cargas de entrenamiento suele conducir a la consulta del médico. También es muy importante la programación de los periodos de recuperación ya que el músculo fatigado tiene una mucho menor capacidad de absorción de los impactos
• Experiencia como corredores: Hay que considerar que nuestro cuerpo está en un mayor riesgo de lesión al iniciarnos a la carrera o durante las 8-12 primeras semanas después de un descanso prolongado, ya que nuestro sistema fisiológico se adapta a la realización de mayores cargas de trabajo antes de que nuestros huesos lo hagan. Las fracturas de fatiga son típicas de esta época.
• Superficie de entrenamiento: La superficie ideal absorberá el impacto, reintegrará fuerza en la fase de impulso y será homogénea para evitar accidentes. Sin embargo, los corredores urbanos suelen verse forzados a usar aceras y carreteras asfaltadas. Aunque el asfalto suele tener una mejor absorción del impacto que las baldosas de las aceras, las calles y carreteras (especialmente si son estrechas) suelen estar inclinadas hacia las cunetas y causan pronación al pie superior (generalmente el derecho) y sobrecarga de las estructuras de la parte baja. La lesión procede del poder acumulativo al correr durante larga distancia en estas superficies inclinadas. Por ello conviene entrenar de “ida y vuelta” para distribuir la carga en ambas extremidades. Son mejores las zonas naturales, con hierba o cubiertas de hojas de pino, pero en ellas pueden estar ocultas irregularidades que causan una lesión accidental.
• Calzado: No sólo es importante que el calzado de carrera sea adecuado, sino que además ha de estar adaptado a nuestro tipo de pie. Las dos principales características del calzado son la capacidad de absorción y el control de los movimientos del tarso. Además, estas características tienden a contrarrestarse: un calzado con mucha absorción tiende a controlar poco el retropié y para un calzado con buen control puede ser difícil absorber debidamente las fuerzas. El reto de los fabricantes de calzado es conseguir la compatibilidad suficiente entre ambas características, con un peso no excesivo, una duración suficiente y, por supuesto, un precio contenido.
• Estiramiento: El estiramiento está siendo recientemente puesto en cuestión como preventivo de las lesiones del corredor. No obstante, mi experiencia como corredor y como médico hace que yo lo siga recomendando mucho para prevenir lesiones, mejorar la recuperación de los signos y síntomas de fatiga y para mejorar el rendimiento en competición.             

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