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Corazón de maratoniano

Pero la tecnología hace que cada vez necesitemos producir menos energía física para vivir. La paradoja es que ahora definimos como corazón normal el del sedentario y consideramos un corazón "anormal" el correspondiente a la evolución natural de nuestra especie.

 "Corazón de deportista"
Justo al final del siglo pasado, el médico sueco Henschen se dio cuenta (usando la simple percusión manual del pecho) de que los esquiadores de fondo tenían un corazón más grande que los sedentarios. Sin embargo, este síndrome de "corazón de deportista" fue mal comprendido durante muchos años y era tenido como sinónimo de patología. Los médicos pensaban que el deporte era perjudicial para el corazón y que su práctica acortaba la esperanza de vida. Durante los inicios del siglo XX y hasta la aparición de los tratamientos con penicilina, la fiebre reumática era muy frecuente y dejaba alteraciones valvulares graves que cursan también con aumento del tamaño cardiaco. Por ello, los cardiólogos de entonces relacionaban ambos tipos de corazón grande.
Sólo a partir de los años 50 se empieza a reconocer el corazón de deportista como un órgano sano, además de mejor desarrollado y con mejor funcionamiento que el corazón de los sedentarios. A partir de los años 70 y 80, la ecocardiografía y luego la resonancia magnética nuclear nos permiten conocer mejor este corazón de deportista. Los médicos del deporte tratamos de comprender la capacidad de rendimiento de deportistas como los maratonianos, que llevan su organismo y su corazón al límite; por otro lado tratamos de aclarar las causas de las muertes súbitas en ejercicio.

Suministro de energía
En los entrenamientos de carrera, el corazón del maratoniano se adapta para suministrar más cantidad de oxígeno por minuto a los músculos en ejercicio. Una de las mejores estrategias para suministrar más O2 es simplemente el suministrar más sangre por minuto. Así podemos pasar de mover 5 l/min de sangre en reposo a más de 40 l/min en una carrera de intensidad máxima (tipo 1.500 m), y en una carrera continua prolongada se pueden estar moviendo 25-30 l/min. Todos conocemos la adaptación más evidente al ejercicio: la frecuencia cardiaca aumenta, pero a la vez que aumenta el número de latidos, aumenta el volumen de sangre que el corazón lanza en cada latido. El corazón se llena más de sangre antes de cada latido (aumenta su volumen diastólico), por otro lado los latidos (además de más frecuentes) son más fuertes y el corazón se vacía más después de latir (disminuye su volumen sistólico). Mediante esos dos mecanismos el volumen eyectado en cada latido es mayor.
Cuando corremos, entrenamos los músculos de nuestras piernas y también entrenamos nuestro corazón. A partir de la segunda semana de entrenamiento en gente desentrenada, vemos cómo esa capacidad de llenarse y vaciarse más se mantiene ya en reposo, y el corazón lanza más sangre en cada latido (se hace más grande y más fuerte). Si un oficinista y un corredor son del mismo peso, necesitan en reposo la misma energía. Por ello, necesitan el mismo O2 y deben mover el mismo flujo de sangre por minuto. Si necesitan la misma sangre por minuto y el maratoniano lanza más en cada latido, está claro que latirá menos veces por minuto.

Bradicardia
La bradicardia (lentitud del corazón) es el primero y más llamativo signo del corazón del maratoniano. Es muy frecuente encontrar frecuencias de reposo por debajo de 50. En corredores de élite las hemos visto por debajo de 40 y en ciclistas profesionales cercanas a las 35. Esta menor frecuencia cardiaca también aparece en ejercicio para intensidades relativas iguales.

Latido de punta
Otro aspecto de este corazón más grande y más fuerte es la aparición del latido de punta. Los médicos podemos apreciar con la mano el fuerte impulso del corazón contra el tórax. En corredores de élite y en corredores muy delgados este impulso se aprecia a simple vista: la punta del corazón mueve continuamente la piel del pecho. Si ponemos atención, en ciertos atletas se aprecia incluso sobre la ropa.
La gran cantidad de sangre en cada latido debe atravesar válvulas y entrar en la aorta por pasos más o menos estrechos y puede tener turbulencias que producen un ruido. Este ruido es el que los médicos oímos al auscultar y llamamos "soplo". Estos ruidos anormales pueden ser producidos por enfermedades del corazón o aparecer en corazones sanos por razones de mecánica de flujos de sangre. Normalmente los médicos al oír las características de un soplo podemos diagnosticar si éste es patológico o no. En caso de duda practicamos una ecocardiografía que nos permite ver el tamaño y el funcionamiento de las estructuras cardiacas.

Ecocardiografía
La ecocardiografía es una exploración inocua mediante ultrasonidos, con ella apreciamos el tamaño de las cavidades del corazón, el grosor de las paredes, la forma y movimiento de las válvulas y la dirección, velocidad y presión del flujo de sangre.

Electrocardiograma
Otra exploración muy frecuente es el electrocardiograma. Con él, vemos el ritmo del corazón (el general y el ritmo de las diferentes zonas), también vemos la energía eléctrica en las diferentes partes. El corazón del deportista provoca ciertas alteraciones como bloqueos de la conducción eléctrica. Estas anomalías eléctricas suelen ser muy típicas del maratoniano (ciertos bloqueos de rama aparecen en casi el 100% de maratonianos y son raros en sedentarios), pero si son avanzadas pueden requerir estudios suplementarios para distinguirlas de electrocardiogramas patológicos (debemos recordar que, a pesar de todo esto, los maratonianos, incluso en la élite, pueden padecer las mismas arritmias y enfermedades cardiacas que el resto de las personas).
Las adaptaciones más evidentes de ese corazón más grande y más fuerte son el aumento del volumen de su cavidad y el aumento del espesor de sus paredes musculares. Desde siempre veíamos en las radiografías de tórax de los corredores de fondo un aumento del tamaño de la silueta cardiaca. Actualmente la ecocardiografía nos permite diferencias y medir perfectamente las cavidades y las paredes del corazón.

Muerte súbita
La causa más frecuente de muerte súbita en jóvenes deportistas es un desorden genético llamado miocardiopatía hipertrófica. En ella las paredes del corazón crecen desordenadamente y llegan a impedir la salida de sangre o a causar arritmias potencialmente malignas. Uno de los principales objetivos de la ecocardiografía es medir el grosor de las paredes y separar las miocardiopatías de los corazones de deportista. En el corazón de deportista hay un aumento de cavidades que no suelen aparecer en el enfermo, además en los maratonianos los espesores de pared no superan los 12 mm. Con la eco podemos examinar la forma en que se contrae un grande y poderoso corazón de deportista, muy diferente de la de un corazón enfermo.
Nosotros, que realizamos valoraciones funcionales diariamente, vemos cómo estas adaptaciones sirven para que esos corazones proporcionen un mayor rendimiento físico, con consumos máximos de oxígeno (VO2max) de 79-80 ml/kg/min.
La interrupción del entrenamiento se traduce en una regresión de las adaptaciones antedichas. En maratonianos de tipo popular estas adaptaciones desaparecen rápidamente al cabo de un mes de desentrenamiento. En corredores muy entrenados el VO2max disminuye sobre un 15% en tres meses: al principio la disminución es muy rápida (7% en 20 días) y luego se hace progresivamente más lenta. De todos modos se observa que, aun después de tres meses de desentrenamiento, las cifras siguen siendo 15-20% más altas que en sedentarios.
Cuando los médicos tenemos dudas sobre si las anomalías se deben a patología o a un corazón de deportista, ordenamos 2 meses de descanso y volvemos a hacer las pruebas (las patologías seguirán invariables mientras que los signos de corazón de deportista se atenúan).

Esperanza de vida
Respecto a las perspectivas a largo plazo, y a pesar de que se suele decir que la evolución cuando se deja de hacer deporte es mala, conocemos un estudio de 1993 sobre 2.613 deportistas de fondo olímpicos finlandeses: su expectativa de vida es de 76 años frente a 71 para deportistas de fuerza y 70 en sedentarios. Además, esto se debe principalmente a menor patología cardiaca. Además, los estudios son consistentes en que la calidad de vida de los ex-deportistas es mejor, que frecuentan menos los hospitales y su envejecimiento es más lento, con una capacidad funcional similar a la de sujetos 10-20 años más jóvenes.
Como efecto negativo reconocido a largo plazo sobre el corazón sabemos que la fibrilación auricular es más frecuente en ex-deportistas mayores.       

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